Columna Diario SUR. Sábado, 19 de mayo 2012
'Verde, que te quiero' por Jacqueline Campos
Mantengo con el golf
un amor imposible. Conocí este deporte en Marbella hace más de veinte años y
hasta el día de hoy, no hay manera. Sólo he conseguido disfrutar de la belleza
que ofrece sus campos, la serenidad que transmiten y de animados aperitivos con
atrayentes profesionales bajo el punto de vista empresarial. En fin, puro
interés el mío, pero sano. Como periodista, he conocido muy de cerca los
grandes campeonatos que se han celebrado en esta Costa del Golf, como la Copa
del Mundo en el Club de Golf Las Brisas allá por 1989, la Ryder Cup que en 1997
ganó Europa a Estados Unidos en el gran escenario de Valderrama, el Andalucía
Valderrama Masters y el Volvo World Match Play que se celebra este fin de
semana en el majestuoso campo de Finca Cortesín.
Son citas históricas
que reparten cantidades ingentes de dinero con patrocinios de las instituciones
y de la iniciativa privada. Como dato, señalamos que solo en organización y
premios, el presupuesto del torneo que se celebra estos días en Casares ronda
los cinco millones de euros. Además, cada campeonato convoca una interminable
lista de medios y periodistas nacionales e internacionales y que sólo las
imágenes llegan a más de cuatrocientos millones de hogares de todo el mundo. Este
baile de cifras es bienvenido por los alcaldes de los municipios de toda la
costa que tienen el lujo de poseer, entre todos, la mayor concentración de
campos de golf de Europa Continental y que les permite mostrarse al mundo con estos acontecimientos
deportivos.
Pero tanto para los
que, como yo, no entendemos de este deporte y también para los estigmatizados
del golf, como decía mi amigo y colega Julián Lago, ¿de verdad somos
conscientes de lo que esto significa? A los defensores les regalo las
siguientes perlas. El golf se juega todos los meses del año; este tipo de turista gasta entre cinco y diez veces más que el convencional;
los campos de golf suponen un beneficio ambiental e
induce al desarrollo del entorno; generan empleo estable; se justifican
económicamente por sí solos.
Y a los detractores les digo que me he quedado con frases como: Churchill decía
que jugar al golf era una forma de fastidiar un paseo por el campo
mientras otros se emplean en darle a la pelotita; agrupan los inmuebles en la
periferia del campo e incrementan su precio; el poco conocimiento de idiomas de
los nacionales hace que los trabajos mejor remunerados vayan a los extranjeros;
los campos son difícilmente rentables por si mismos, si no fuera por razones
urbanísticas.
Pues señores,
ser ecuánime no me impide decir que a la vista de la situación económica y mientras los que dirigen nuestro país no
encuentren otro modelo productivo, el turismo de golf y los grandes campeonatos
seguirán siendo una importante pieza angular de la que dependerá la economía en
Andalucía por muchos años. Aunque nos salgan ciertos sarpullidos al leer que
señoritos vinculados a las grandes familias ricas de España y que arrebatan
presidencias en campos de golf de tronío, vayan a recibir nuevamente dinero
público.
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