Columna Diario SUR. Sábado, 26 de mayo 2012
'Las Cajas de Pandora' por Jacqueline Campos
Me gusta el nuevo Fiscal General del Estado. Me parece una persona centrada, un buen profesional que además es reconocido como tal por sus propios compañeros y, en general, por el mundo variado de los operadores jurídicos. Realmente, me han gustado la mayor parte de las decisiones de las que he tenido conocimiento desde su nombramiento. Pero sobre todo me parece que su actitud ante los temas que se le plantean, está adornada de la objetividad que requiere tan delicada responsabilidad.
Y una de sus últimas decisiones me ha
parecido muy importante, yo diría que necesaria y que se echaba de menos. Se
trata de la decisión de proceder a iniciar una investigación de todas las cajas
de ahorros. Es como si abriésemos la caja de Pandora, aquella de la que volaron
innumerables males quedando sepultado en su fondo un único bien, la esperanza. Investigar
las cajas de ahorros españolas es algo que debería haberse iniciado hace
bastante tiempo y que era difícil de entender por la ciudadanía que no alcanza
a comprender como señores que han provocado grandes daños, y en algunos casos
auténticamente irreparables, se puedan ir de rositas.
Yo no deseo a nadie que pase malos ratos
teniendo que soportar largos interrogatorios judiciales pero no me parece de
recibo que la sociedad no pueda reaccionar ante este tipo de daños. En primer
lugar, me parece que la actuación, o mejor dicho la actuación no debida, del
Gobernador del Banco de España ha dejado mucho que desear. Ni actuó de forma
decidida cuando las cajas de ahorros y sus cientos de sociedades participadas, que
se pusieron a disposición de los amiguetes de sus responsables, se atiborraban
comprando todo el suelo que había en el mercado, enfangando sus balances y
comprometiendo su futuro.
Nadie en el Banco de España llamó la
atención ni mucho menos puso en marcha algún control serio cuando las cajas
compraban a cualquier precio todo tipo de suelo, normalmente a través de
sociedades creadas para hacer millonarios a los aliados de los mandamases. Daba
igual que fueran urbanizables o no, pagaban lo que les pedían y así
encarecieron el mercado a límites insostenibles porque desde las cajas de ahorros
les financiaban todo. Después, ya se sabe, el correspondiente convenio
urbanístico por el que igualmente pagaban también lo que les pedían en el ayuntamiento
de turno y todos felices.
Así las cajas se convirtieron en las
mayores propietarias de suelo y viviendas de Europa y las empresas auditoras de
sus sociedades tampoco hicieron nada en aquellos años, dando por buenos todos
los convenios y que en muchos de los casos no llegaron a plasmarse en los
pertinentes planes urbanísticos. Esto no es serio ni justo. Máxime cuando día
sí y otro también, nos sobresaltan las imágenes de mandatarios municipales
esposados dando explicaciones de todas las cuentas. ¿Saben que? los dioses guardaban en un ánfora todos los males
del mundo y cuando Pandora lo vio, quiso saber que había dentro. Ella se dejo
la esperanza dentro. Estoy segura que el Fiscal General del Estado, no!
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