'Mea Culpa' por Jacqueline Campos
No me dirán ustedes que no han vivido una semana frenética en
noticias y ‘realmente’ convulsionada desde una Marbella tranquila que a lo sumo
recibíamos el mensaje de la primer edil para advertirnos que no vendrán tiempos
fáciles para la ciudad y que nada mejor que estar unidos, en referencia a los
posibles pactos políticos en Andalucía entre dos partidos de la oposición.
Enumeremos. VI Cumbre de las Américas a la que ya denominan
como encuentro en vías de extinción y que el buen recuerdo únicamente lo ha
dejado la actuación, con error incluido, de Shakira y la ciudad de Cartagena de
Indias. Cumpleaños del Papa Benedicto
XVI que ha celebrado soplando 85 velas con una retahíla de achaques y
convertido en el Pontífice más longevo de los dos últimos siglos. Sus últimas
declaraciones y la opinión de los expertos apuntan hacia una posible dimisión.
Y que les puedo decir más de Cristina Fernández de Kirchner
que ustedes ya no sepan y hayan escuchado. Permítanme una maldad y es que mucho
antes de aprender a pronunciar bien su apellido hemos sabido, por medio de un
rotativo argentino, que el coste medio de cada modelo que luce en cualquier
acto oficial como en el que anunciaba la expropiación de la filial YPF, no baja
de los cincuenta mil euros. Mientras el presidente
de Repsol, con un atuendo más sobrio, aseguraba que los tribunales acabarán
dando la razón a la petrolera española en su enfrentamiento con el Gobierno
argentino.
Pero lo que no me van
a negar es que lo más esperado de los últimos siete días ha sido el perdón del
Rey Don Juan Carlos. Un breve pero muy explícito, Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a
ocurrir, al recibir el alta médica para
zanjar la avalancha de duras críticas suscitadas en el país en un
momento de fuerte crisis económica. Un gesto insólito en un monarca para estar
en sintonía de lo que su pueblo quiere. No estaría de más que de ese semblante real,
preocupado y compungido, hicieran acopio muchos gobernantes que nos rodean y
entonaran un mea culpa de la misma forma.
Si a este perdón le añadimos
el archivo de la causa contra Marichalar al no haber denuncia de Juan Froilán por
ser menor de edad ni de su madre como representante legal y que la tan famosa
cacería en Botsuana fue un regalo del magnate saudí sirio Mohamed Eyad Kayali
por lo que no estaba pagada con dinero público,
seguro que en la Casa Real dormirán más tranquilos. No se si ocurrirá lo
mismo con los vecinos de la Milla de Oro porque parece ser que el citado
magnate comparte comunidad con el Palacio El Rocio propiedad del Príncipe
Salman. No es cuestión que volvamos al papel couché.
Por cierto, si la mediación
del hombre de confianza del príncipe saudí y amigo personal del Rey ha sido
determinante en la adjudicación a empresas españolas del contrato del ‘AVE del
desierto’ que unirá las ciudades de la Meka y Medina, ya podía mediar para conseguir
que el tren litoral llegara a Marbella cuanto antes.
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