'Camino a la perdición' por Jacqueline Campos
El Hospital Costa del Sol es una de las infraestructuras básicas de nuestra ciudad y sin duda uno de los estandartes del sistema de bienestar social, ese sistema que hoy se cuestiona por todas partes. Hasta hace poco, por cierto, sus alrededores parecían la boca del lobo debido a la falta de luz durante la noche provocado por la confrontación entre el Ayuntamiento y el Ministerio de Fomento del gobierno anterior. Afortunadamente, superada esa tremenda situación, ahora nos toca comentar otros puntos negros que caracterizan a este hospital. Unos problemas que, a juicio de muchos, generan inconvenientes peores que el famoso copago.
Llegar al servicio de urgencias del centro público sanitario puede ser más difícil y costoso que el Camino de Santiago. Desde luego uno se siente más impotente y muy lejos del aliciente de unas buenas viandas a la llegada. Me gustaría lanzar una cuestión a modo de 'Tengo una pregunta para usted' pero no para que sea contestada por ningún aspirante a presidente, sino dirigida a quien corresponda en este caso.
Cuando tenemos que acompañar a un familiar o amigo hasta la puerta de urgencias, y si los embotellamientos en los que a veces se ven inmersas las propias ambulancias nos lo permiten, dejamos al enfermo para empezar un duro peregrinar en búsqueda de una plaza de aparcamiento gratuito. Este capítulo puede llevarnos una media de treinta minutos después de haber decidido perseguir a todo aquel que porte una llave de utilitario en la mano. Y acto seguido, emprender un camino mal pensado hasta llegar al servicio mencionado que más bien parece el camino a la perdición de Tom Hanks. Otros diez minutos.
Y aquí es donde preguntamos, ¿que debemos hacer cuando el enfermo es un niño o un anciano, o simplemente alguien que no puede quedarse solo debido a su precario estado de salud? ¿Nos llevamos al enfermo a realizar este escabroso tour o metemos el coche en la sala de urgencias? No se si la solución pasa por dejar el vehículo en el parking de pago, pero antes haremos las cuentas escrupulosamente. Si la hora viene a costar más o menos unos dos euros, las seis horas de estancia, ya que menos no nos las quita ni el apóstol Santiago, nos puede costar la triste jornada unos doce euros.
La conclusión es que al final del día nos damos cuenta la de copagos que hay en el sistema sanitario y, desde luego, en nuestro hospital, un centro sanitario que puede considerarse superior a los que se han venido implantando recientemente. Porque si cada vez que alguien tenga que acudir a él un día, y ya no hablamos si tenemos que ir a diario en caso de un ingreso, el desembolso que debemos hacer para cubrir estos gastos, nos lleva a pensar que la sanidad pública sale más cara que la privada. Y desde luego, esta no es la mejor semana para cavilar en las cuentas que tenemos que hacer, sobre todo en las de la farmacia. Bueno, pensionistas, parados, mileuristas y queridos todos, al menos esto no nos tocará hasta después del 1 de julio.
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