Columna Diario SUR. Sábado, 15 de junio 2013
'Más sombras que luces' por Jacqueline Campos
La larga y oscura noche del gilismo, esa
contagiosa enfermedad que Marbella padeció de forma sistemática durante muchos
años, nos deja todavía alguna penumbra. Hemos tenido noticia de la sentencia
que el Tribunal Supremo acaba de dictar resolviendo el recurso de los
propietarios del famoso conjunto
inmobiliario conocido como Banana Beach. Se ha pronunciado en la forma
esperada, la de desestimar los recursos y confirmar la completa nulidad de la
licencia de obra que en su día concedió el Consistorio para construir el
mencionado Banana Beach por resultar abiertamente contraria al Plan Urbanístico
realmente aplicable por ser el vigente y no serlo el que de manera reiterada y,
desde luego, torticera se empeño el GIL en aplicar.
El Supremo también rechaza que la posible
consideración de terceros de buena fe pueda considerarse una razón jurídica de
peso suficiente como para impedir los efectos de la nulidad de la licencia. Como
creo recordar, éste fue el único edificio que el PGOU de Marbella del 2010 dejó
al margen de la legalidad y de la cobertura urbanística del nuevo Plan y ahora la
sentencia del Alto Tribunal abre las puertas a una posible demolición del
edificio situado a la entrada este de nuestra ciudad.
Soy de las que pienso que uno de los grandes
logros de la alcaldesa fue la normalización institucional y hacer del
Consistorio una auténtica administración pública, con los defectos que queramos
pero una administración, desde el desordenado batiburrillo de empresas y cortijillos
que recibió . Y junto a ello, al menos para mí, es un mérito indudable haber
puesto las bases para la normalización urbanística teniendo en cuenta el
desastre de ordenación y planificación que se montó en la etapa anterior. Gran
mérito, repito, además de bregar con el famoso Fustegueras, acostumbrado a
sus complejas técnicas urbanísticas que
nos aplicaba en esta ciudad turística. Las mismas que en Algeciras o cualquier
otra ciudad con vocación de desarrollo claramente distinto.
Sin embargo, quedó fuera de ese amplio plan de
normalización el famoso edificio que es ahora objeto de polémica y que nos trae
nuevamente a las primeras páginas con los dimes y diretes que tanto gusta a
ciertos profesionales de la mala
información. Es la forma de poner a Marbella en el centro de comentarios y polémicas
que en nada favorecen a una ciudad que intenta desprenderse de los estereotipos
negativos y que trabaja dura y seriamente por salir adelante de este terrible
crisis, poniendo en alza nuestros valores distintivos de ciudad turística por
excelencia.
Desde luego, Marbella ni merece ni puede
permitirse que nuevamente se pretenda poner en el ojo del huracán mediático por
situaciones heredadas de tiempos ya completamente superados y respecto de los
cuales ha demostrado tener la suficiente fortaleza como para adoptar las
decisiones adecuadas. Y ahí levantaremos nuestras voces contra quienes
pretendan perjudicarnos.
Es de suponer que este asunto va a dar mucho de
sí en el aspecto jurídico y, desde luego, no veo a los afectados conformarse
con la decisión del Supremo. Así que es de prever el correspondiente recurso de
amparo para que el Tribunal Constitucional determine si los derechos
fundamentales de los terceros de buena fe han resultado violados, porque no
olvidemos que no se efectuó anotación alguna en el Registro de la Propiedad
advirtiendo que se había interpuesto un recurso para anular la licencia
urbanística. Incluso parece lógico que el tema pudiera llegar hasta algún
tribunal internacional. Lo que sí tengo claro es que no conviene a Marbella la
imagen de la demolición de un edificio y la constante protesta en todos los
ámbitos nacionales e internacionales de los perjudicados puesto que fueron dos
administraciones, es decir dos patas del mismo Estado, quienes provocaron el
conflicto.


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