'Hágase la luz' por Jacqueline Campos
Últimamente me ha tocado hacer de
conductora por la A-7 que recorre nuestra maravillosa Costa del Sol, desde
Málaga a Sotogrande. Realmente tenemos una corniche maravillosa y es una
auténtica gozada conducir durante el día por esta arteria fundamental del
litoral. Sin perder nunca el control del coche, se puede disfrutar del placer
de contemplar el mar azul tan bello que nos ha dado la naturaleza. En fin, una
costa que sigue siendo impresionante a pesar de tanto destrozo urbanístico que
nos han legado los responsables de nuestros pueblos y ciudades.
Hablando de éstos, decía nuestro periódico
ayer que, el ‘caso Manilva’ se ha saldado sólo con una multa tras considerar la
Audiencia Provincial de Málaga que no está probado el origen ilícito de los
762.000 euros hallados en casa del exalcalde Pedro Tirado. No obstante, me
llama la atención que la sentencia contenga un comentario sorprendente. Y es
que la Audiencia no condena al exalcalde, aunque decomise el dinero encontrado
en su colchón, pero sí que ‘condena’ a la clase política municipal cuando
comenta literalmente que “existe el
clamor popular que todos percibimos… de que para la materialización de muchos
proyectos urbanísticos se viene considerando algo normal que los empresarios o
promotores deban abonar determinadas cantidades dinerarias a los
responsables de los consistorios, pues
en el caso de que no lo hagan quedarán excluidos de desarrollar cualquier
actividad empresarial en el municipio”.
Convendrán conmigo que es realmente fuerte
lo que se atreven a decir los magistrados de esta Sala Penal de la Audiencia.
Se hace la luz desde la tribuna judicial al dejar tan clara la convicción de
estos jueces, hartos ya de ver pasar por delante de ellos casos y casos
similares, con hechos prácticamente repetidos en la línea del aprovechamiento
particular. Una, ignorante del derecho positivo, que no del natural ni de la
lógica, no acaba de entender que tanto dinero se decomise y, sin embargo, no
haya una condena más fuerte. Algo falla, como todos sabemos, en nuestro sistema
penal.
Lo que también está muy claro es que algo
falla en la coordinación entre el Ministerio de Fomento, responsable de las
carreteras y los municipios responsables de las vías urbanas. Digo que algo
falla porque, al igual que es un placer conducir por la A-7, es una auténtica
pesadilla hacerlo en cuanto el astro rey nos abandona cada día. Y es que una
vez que anochece tan bella ruta, se convierte en una auténtica boca del lobo y
un calvario por tanta negritud, oscuridad y falta de luz existente en todo el
recorrido de la costa, con la excepción de lugares muy puntuales. El riesgo de
accidente es realmente alto para los que conocemos el recorrido y no quiero
pensar para los pobres de miles de turistas que lo recorren en los coches de
alquiler que afortunadamente seguimos viendo a raudales desde Fuengirola a Sotogrande.
No sé sí la culpa es de Fomento, a quien
le corresponde mantener las carreteras
nacionales en condiciones de seguridad por ley, o bien de los municipios,
al tratarse de vías urbanas. Ni lo sé ni me importa, porque como ciudadana que
pago puntualmente mis impuestos, por la cuenta que me trae bajo serio riesgo de
embargo inmediato, tengo derecho a exigir al Estado que los servicios públicos
funcionen correctamente. Y, desde luego, a que no pongan en peligro mi vida ni
la de mis conciudadanos y turistas. Así que, venga de donde venga el origen
presupuestario, por favor, hagan rápidamente la luz en la A-7 antes de que sea
demasiado tarde.
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