'Aquí no hay quien viva' por Jacqueline Campos
¿Ya
han visto ustedes las imágenes del nuevo chalet alquilado, con opción a compra,
por el último expresidente del Gobierno? La vivienda elegida por la familia Zapatero
forma parte de una urbanización de chalets de lujo que dispone de cuatro
plantas, ascensor, garaje para varios coches, gimnasio, habitación para
servicio, tres dormitorios, dos baños adicionales, patio japonés en el salón y
piscina en la azotea. El recibo del alquiler le costará a ZP unos seis mil
euros y si se anima a pedir un millón a su amigo Botín del Santander, el
casoplón puede ser suyo. Toma ya, y encima la ubicación no tiene desperdicio,
porqué estará muy cerca del Hipódromo, de la valla del Palacio de la Zarzuela,
de La Moncloa y del CNI. La que se les
avecina! Aunque yo, si me lo permiten, ya tengo silla plegable preparada para
no perderme una reunión de esa comunidad de propietarios y, eso sí, espero que
se lo piensen dos veces antes de nombrarle presidente de tanto vecino ilustre.
Porque a los demás vecinos de la que se
nos conocía por clase media, nos ha sumido en un
progresivo empobrecimiento que en muchos casos llega hasta límites que afectan
a las necesidades primarias. Una situación dramática como consecuencia de la
inmensa deuda que arrastramos, el altísimo nivel de desempleo, el colapso del
sector inmobiliario y del propio sector bancario por no decir también del
sector público. Fundamentalmente, todo debido al cambio de ciclo económico, la
crisis bancaria internacional y a la desastrosa gestión económica del nuevo
vecino de la exclusiva urbanización Urbalia Valdemarín. Esperemos que algún día
tenga la hombría de pedir perdón al pueblo por el daño causado a España. Que por
muchas menos consecuencias y con apellido de muchísimo más peso, ya hemos
escuchado un mea culpa. Pero claro, para eso te tiene que doler.
Y ya metidos en harina, tampoco se crean
que hemos avanzado mucho con el nuevo presidente de la escalera, bloque o manzana,
como ustedes gusten. Porque antes de meternos mano de esta manera en nuestros
bolsillos y servicios más esenciales, pienso que se debería haber llevado a
cabo una sustancial reforma de las estructuras del Estado, incluyendo por tanto
a todas las Administraciones. Suprimir subvenciones que, dicho sea de paso,
están siempre bajo sospecha de amiguismo y de financiación de partidos,
reordenar competencias eliminando duplicidades y haciendo más ágiles todos los
procedimientos y, por supuesto, reducir organismos y empresas públicas a las
estrictamente necesarias.
Los cambios
que este país requiere para hacerlo viable a nuestros hijos dependen del
consenso de la clase política y dudo mucho que, pese a lo duro de la situación,
los políticos sean capaces de renunciar a tanto privilegio de los que han
venido disfrutando en los últimos años, a disponer del poder de colocar a
amigos y simpatizantes, a dilapidar el dinero público con subvenciones y
estructuras inútiles, y un sinfín de etcéteras. Y es que, en definitiva, hay
mucho más en común entre un dirigente de uno y otro partido que entre los
vecinos de cualquier comunidad bien avenida.
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