Aquí no Hay Quien Viva

Columna Diario SUR. Sábado, 6 de octubre 2012

'Aquí no hay quien viva' por Jacqueline Campos


¿Ya han visto ustedes las imágenes del nuevo chalet alquilado, con opción a compra, por el último expresidente del Gobierno? La vivienda elegida por la familia Zapatero forma parte de una urbanización de chalets de lujo que dispone de cuatro plantas, ascensor, garaje para varios coches, gimnasio, habitación para servicio, tres dormitorios, dos baños adicionales, patio japonés en el salón y piscina en la azotea. El recibo del alquiler le costará a ZP unos seis mil euros y si se anima a pedir un millón a su amigo Botín del Santander, el casoplón puede ser suyo. Toma ya, y encima la ubicación no tiene desperdicio, porqué estará muy cerca del Hipódromo, de la valla del Palacio de la Zarzuela, de La Moncloa  y del CNI. La que se les avecina! Aunque yo, si me lo permiten, ya tengo silla plegable preparada para no perderme una reunión de esa comunidad de propietarios y, eso sí, espero que se lo piensen dos veces antes de nombrarle presidente de tanto vecino ilustre.
Porque a los demás vecinos de la que se nos conocía por clase media, nos ha sumido en un progresivo empobrecimiento que en muchos casos llega hasta límites que afectan a las necesidades primarias. Una situación dramática como consecuencia de la inmensa deuda que arrastramos, el altísimo nivel de desempleo, el colapso del sector inmobiliario y del propio sector bancario por no decir también del sector público. Fundamentalmente, todo debido al cambio de ciclo económico, la crisis bancaria internacional y a la desastrosa gestión económica del nuevo vecino de la exclusiva urbanización Urbalia Valdemarín. Esperemos que algún día tenga la hombría de pedir perdón al pueblo por el daño causado a España. Que por muchas menos consecuencias y con apellido de muchísimo más peso, ya hemos escuchado un mea culpa. Pero claro, para eso te tiene que doler.
Y ya metidos en harina, tampoco se crean que hemos avanzado mucho con el nuevo presidente de la escalera, bloque o manzana, como ustedes gusten. Porque antes de meternos mano de esta manera en nuestros bolsillos y servicios más esenciales, pienso que se debería haber llevado a cabo una sustancial reforma de las estructuras del Estado, incluyendo por tanto a todas las Administraciones. Suprimir subvenciones que, dicho sea de paso, están siempre bajo sospecha de amiguismo y de financiación de partidos, reordenar competencias eliminando duplicidades y haciendo más ágiles todos los procedimientos y, por supuesto, reducir organismos y empresas públicas a las estrictamente necesarias.
Los cambios que este país requiere para hacerlo viable a nuestros hijos dependen del consenso de la clase política y dudo mucho que, pese a lo duro de la situación, los políticos sean capaces de renunciar a tanto privilegio de los que han venido disfrutando en los últimos años, a disponer del poder de colocar a amigos y simpatizantes, a dilapidar el dinero público con subvenciones y estructuras inútiles, y un sinfín de etcéteras. Y es que, en definitiva, hay mucho más en común entre un dirigente de uno y otro partido que entre los vecinos de cualquier comunidad bien avenida.

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