'Bienvenido Mr. Marshall' por Jacqueline Campos
Aplaudo que el más famoso fabricante textil sueco apueste por
nuestra ciudad por segunda vez y ocho
años después de la primera incursión en Marbella. Pero sobre todo lo que más me
reconforta es saber que treinta familias van a tener un puesto de trabajo a
partir de ahora en este nuevo centro de Puerto Banús. Es el mejor regalo de
Navidad que nos podían hacer nuestros amigos europeos nórdicos que además nos
pusieron hasta una alfombra roja y canapés para su inauguración. No descuidan
ni un detalle, nos miman y transmiten que nuestro país continúa siendo dinámico
y con mucho potencial. En definitiva que confían en España.
No es la única cadena de distribución que sigue creyendo en
el consumidor español con la fórmula mágica de un cambio de estrategias y
bajada de precios, auténticos factores para que esa confianza sea recíproca.
También lo hacen los americanos con sus hamburgueserías anunciándonos que
invertirán 160 millones de euros de aquí a dos años. Además, yo desconocía que la materia
prima de sus establecimientos en España, cerca de 500 y más de 70 en Andalucía
para más señas, procede de 30.000
ganaderías españolas y de la huerta nacional. Hablamos de un auténtico
compromiso del grupo con los productos nacionales, el empleo y la
responsabilidad social. Son sólo dos ejemplos para no caer en la dichosa espiral de pesimismo
a la que nos han acostumbrado.
Digo yo que si estas empresas, que disponen de profesionales
altamente capacitados para investigar las debilidades y fortalezas de los
mercados donde implantarse, han decidido invertir aquí en nuestra ciudad y por
tanto realizar una apuesta a medio plazo por Marbella, será por algo. Supongo
que tras esta decisión empresarial, se encuentra la convicción de la capacidad
de consumo de quienes vivimos en Marbella, lo cual, a su vez, implica también
confiar en la actividad económica de nuestra ciudad.
En fin, que resulta realmente
alentador ver que las empresas extranjeras siguen confiando en esta localidad,
en su capacidad de generar consumo y por tanto riqueza. Y esto no es cuestión
baladí sino todo lo contrario, es una de las claves de nuestra supervivencia
como ciudad que, al fin y al cabo, ostenta y debe seguir ostentando el
liderazgo de uno de los destinos turísticos, que mal que pese a algunos, sigue
siendo uno de los más importantes de Europa. Ahora lo que hace falta es que
también confíen las empresas e instituciones nacionales porque, a veces, el
enemigo lo tenemos en casa. Y que sepan sacar adelante nuestra marca con el
comportamiento social, económico y medio ambiental equiparable, en lo bueno y
en lo malo, a compañías que operan en primera línea a nivel mundial. Porque resulta
obvio que se puede hacer promoción de nuestras tierras hablando de algo más que
de sol y playa a los turistas.
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