Extranjeros, sí Gracias

Columna Diario SUR. Sábado, 22 de diciembre 2012

'Extranjeros, sí gracias' por Jacqueline Campos


La obtención de permiso de residencia en un país, como consecuencia de la compra de propiedades en el mismo, no es un concepto nuevo ni una novedad a nivel internacional. Dentro de la propia Unión Europea, Portugal e Irlanda han implantado programas para otorgar la residencia oficial a los adquirentes de propiedades, estableciendo el importe de la adquisición inmobiliaria en 500.000 y 400.000 euros respectivamente, frente a los 160.000 euros que, según parece, tiene previsto fijar el Gobierno español. También en la UE, Lituania ha introducido normas de incentivos similares pero la cuantía mínima para conseguir la residencia se ha fijado en un importe inferior, concretamente en 140.000 euros.

Fuera,  Panamá tiene en vigor una normativa parecida  mediante la cual se requiere una inversión mínima de 300.000 dólares pero con la particularidad de que dicha inversión puede dividirse entre la inversión inmobiliaria propiamente dicha  y la financiera. O simplemente de depósito en un banco nacional del país. También Colombia, que como se sabe, tiene una pujante economía, ha publicado disposiciones legales similares y ha establecido la inversión requerida entre 100.000 y 200.000 dólares dependiendo del tipo de residencia. Por otro lado, otros trámites burocráticos de control de extranjeros como son los visados turísticos, al menos cuarenta países han disminuido sensiblemente los requisitos para su obtención o simplemente los han eliminado, con el propósito de facilitar el movimiento de turistas hacia tales países.

Pero volviendo al tema de obtención de permisos de residencias vinculados a la adquisición de propiedades, sin duda alguna, puede constituir una medida que favorezca la reducción del stock de viviendas actualmente existente en España y por tanto puede ayudar a la recuperación del mercado inmobiliario de una manera sustancial. Pensamos que la cuantía establecida tanto por Portugal como Irlanda es excesiva y por lo tanto la mejora del mercado inmobiliario no será sustancial. Por lo que nos inclinamos, para una mayor efectividad de la citada medida, en establecer el importe mínimo en la cantidad propuesta por nuestro gobierno.

Esta medida, en el caso de que se implante, favorecerá tanto la recuperación inmobiliaria como la recaudación de las administraciones públicas, que como consecuencia de la crisis, se ha visto especialmente afectada por la casi desaparición de las transacciones inmobiliarias. De esta forma, IVA e Impuesto de Transmisiones Patrimoniales favorecerán las arcas de la hacienda nacional y autonómica, al igual que el impuesto de plusvalía municipal y el IBI ayudará a los Ayuntamientos. Este tipo de operaciones generarán actividades profesionales y servicios que implican riqueza y empleo, por lo que producirá efectos múltiples en la línea positiva que necesitamos para la mejora de nuestra situación social y económica.

Una de las claves de la salida de la crisis en la que nos encontramos es la reactivación del mercado inmobiliario, que los bancos vayan saliendo de la inmensa cantidad de inmuebles incluidos en sus balances porque es la única forma en que podrán volver a dar créditos para otras actividades. Las críticas sobre que esta medida favorecería la entrada de mafias, no tienen sentido puesto que ya tenemos una ‘jartá’ de ellas y, en todo caso, correspondería a la Policía detectar estos supuestos casos. Pero más mafia entra por los negocios de prostitución, drogas y otras actividades y aquí nadie se rasga las vestiduras.

Esta medida favorecería a la Costa del Sol y a Marbella, en particular, por su atractivo y especial oferta residencial, por lo que se echa en falta que nuestras instituciones como Confederación de Empresarios, Cámara de Comercio y Ayuntamientos, no estén desplegando todos los esfuerzos posibles para hacer realidad esta medida lo antes posible. Y es que a veces parece que estamos auténticamente huérfanos en esta tierra nuestra y no se sabe qué es lo que tiene que ocurrir para despertar las conciencias. Que el paro juvenil supere el cincuenta por ciento no basta y que éste porcentaje sea superior al de algunos países más pobres que el nuestro, no es suficiente para clamar al cielo y pedir todas las medidas que realmente reducirían el desempleo.

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