'Vivir en Marbella sí, Morir No' por Jacqueline Campos
Se lo digo en serio querido lector, vivir en esta ciudad,
bueno más bien en esta largo municipio que es Marbella desde Cabopino a
Guadalmina, es una auténtica bendición que quizás los que tenemos la suerte de
poder disfrutar de forma permanente no seamos capaces de valorar en su justa
dimensión. Y es que muchas veces tienen que ser los que vienen de fuera los que
nos abran los ojos para facilitar que nos demos cuenta que hemos tenido la
suerte de disfrutar de una de las zonas donde mejor se puede vivir del mundo.
La climatología de la que gozamos una gran parte del año, la ausencia de
grandes fenómenos naturales que puedan alterar nuestra vida como terremotos,
huracanes y otra serie de acontecimientos que pueden provocar y, de hecho,
provocan en otras zonas del mundo grandes daños personales y materiales y la
suerte de que estamos, aunque a veces no estemos a la altura, en el primer
mundo son circunstancias que deberían hacernos agradecer día a día, estar donde
estamos. Y es que realmente Marbella es única, pero entiéndase en un sentido
auténtico y no sectario, como en algún caso se hace uso de esta expresión en
las redes sociales.
Pero lo malo en Marbella no es vivir, en lo que casi todos
estamos de acuerdo, y que es un lujo. El problema, querido lector, es morir en
Marbella. Esto sí que no se le
recomiendo, bueno la verdad es que no le recomiendo esto en ninguna parte del
mundo, pero mucho menos en Marbella. La
verdad es que personalmente me estremece solo pensar que me tengan que llevar a
un tanatorio propiedad de la Liga de Fútbol Profesional, no vaya a ser que me
metan un gol después de muerta. Menos mal que el Ayuntamiento consiguió llegar
a un acuerdo de permuta con los dueños de la Liga de Fútbol pero ahora el
problema sigue con quienes fueron
titulares de la concesión de los cementerios de Marbella y San Pedro Alcántara,
conflicto que no hace posible el otorgamiento con carácter legalmente
definitivo de la concesión a los nuevos adjudicatarios.
Lo cierto es que la situación de los cementerios de Marbella
y, de manera especial de las zonas de velatorio, lo que se conoce como tanatorios,
es realmente impresentable. Auténticamente impropia de un municipio que, como
Marbella, pretende estar entre las grandes municipalidades de Europa, por no
decir del mundo. Es auténticamente difícil de entender que en la mayor parte de
pequeños y medianos municipios de Andalucía se pueden encontrar instalaciones
funerarias, es decir tanatorios, tanto públicos como privados en las distintas
formas de gestión de este tipo de instalaciones básicas, con un alto nivel de
dignidad, unas instalaciones que permiten que familiares y amigos de las
personas que desgraciadamente nos dejan, puedan dar a sus seres queridos una
digna despedida. Pues no señores, en Marbella con toda nuestra grandeza, con todos nuestros humos de que
Marbella es única, tenemos que despedir a nuestros deudos en condiciones
tercermundistas. Y en esto, sí que no podemos echar la culpa a la Junta de Andalucía
o al Gobierno central.



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