'Cielo y Tierra' por Jacqueline Campos
Que los turistas buscan wifi en las ciudades como agua en
mayo, es de suponer. El cambio a una red móvil fuera del país de origen que
permita a los usuarios conectarse gratuitamente a través de un Smartphone o tableta,
es un servicio que cada día se demanda más en todas las ciudades. Más que
interesante, yo diría que es divertido echar un vistazo al informe sobre el
comportamiento del usuario wifi y, desde luego, no extraña a nadie recordar que
más del 80% de los usuarios que navegan
en las ciudades wifi acceden con dispositivos móviles frente a un
20% que acceden con PC o portátil, o que la navegación en las ciudades wifi es en la que más tiempo invierte
el usuario con muchos minutos de media al día.
La wifi pública llega a las calles de 150 ciudades españolas
y los cables han pasado a la historia. Enviar correos electrónicos y navegar sentados
en un banco de cualquier calle, en la playa o andando, es la imagen más vista
en los últimos tiempos. En el mundo de internet, pensar antes del iPhone es como decir antes de Jesucristo. Parece ser que hasta
el momento el debate del acceso gratuito en las ciudades y municipios de
nuestro país costeado por fondos públicos o privados ha frenado un buen número
de iniciativas hasta que Avilés con menos de 100.000 habitantes ha sido el
primero en obtener una red inalámbrica gratis. El acceso wifi debería
ser un servicio público y, como aseguran los expertos, si se respeta la neutralidad
tecnológica y no se daña el mercado, es posible ofrecerlo gratuitamente.
Toda esta historia contada viene a colación después de
conocer por medio de este periódico que ya hay operadoras de telecomunicaciones
muy interesadas en desplegar fibra óptica y wifi en Marbella en respuesta al
anuncio del Ayuntamiento de poner a disposición las infraestructuras aéreas y
subterráneas de esta ciudad para su instalación. Quiere decir que a partir de
este momento darán comienzo las negociaciones por los derechos y las
compensaciones económicas hasta que podamos beneficiarnos, y habrá que esperar
de qué forma, de tan gran avance.
Mientras tanto, va a ser más práctico que bajemos la mirada al
suelo para ver donde pisamos, que lo de la buena suerte cuando uno pisa
‘aquello’ ya no funciona. El deseo de una
obligada imagen de ciudad turística ornamentada y bien escamondá ha llevado a
poner en marcha a policías locales, Patrulla Verde e inspectores de limpieza
para que vigilen si los ciudadanos llevan al perrito bien atado con una mano y
tienen la otra plastificada. Y cuidado que a ninguno de los amantes de mascotas
se le escape algún detalle porque pueden verse ‘premiados’ con
boletos sancionadores de 75 a 3.000 euros. El único detalle que, en mi modesta
opinión, se ha pasado por alto es que la solución igual pasa por poner más
medios para que los pobres animales que viven en nuestra ciudad tengan lugares
apropiados para sus necesidades escatológicas al igual que hay en otras
ciudades, modelos a seguir tengan o no tengan fibra óptica. A ver si ahora con
esto de vivir en una ciudad wifi y no resistirnos a quitar la mirada del móvil,
vamos a ponernos de ‘aquello’ hasta las orejas.




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