'Los sofocos de la crisis' por Jacqueline Campos
Los ejecutivos y empresarios
españoles son de los más estresados del mundo y los segundos de Europa, tranquilos
que por el momento nos ganan los griegos. ¿A alguien le extraña esta encuesta?
Vaya panorama. De los contados trabajadores que quedan, el 40% está estresado y
las
previsiones para el futuro apuntan a un considerable aumento de aquí a cinco
años. Los especialistas afirman que con los recortes se han reducido los
avances en materia de prevención y diagnóstico de la citada epidemia. Con lo
bien que íbamos antes de los puñeteros recortes. Fíjese usted, parece ser que el
primer paso para atajar esta tendencia es que los jefes siempre tengan sus
niveles estabilizados para que de esta forma no repercuta a sus subalternos.
Palabras de un psicólogo que al problema no le ve enmienda.
La falta de sueño es el primer signo de alerta,
le sigue la dificultad para concentrarse, nerviosismo, preocupación, agotamiento,
náuseas y palpitaciones. Me da la impresión que con estos síntomas estamos
todos. Jefes, trabajadores, parados, ninis, estudiantes y escolares. Empecemos
por los más pequeños y concretamente por los alumnos de Primaria que, acompañados
de sus padres, se manifestaban en protesta por la falta de profesores en su
colegio de Marbella. Sin docente y sin especialistas de Pedagogía Terapéutica.
Valiente forma recortada y precaria de empezar un curso escolar y primeras
jornadas de estrés infantil. La situación en las universidades tampoco es muy
halagüeña que digamos. Caída de número de alumnos cursando menos asignaturas y
una rectora preocupada por un posible exceso de abandono de las aulas. Algo tan
penoso como que las familias no puedan permitirse que sus hijos sigan
estudiando. Padres y madres con muchos de los síntomas antes enumerados.
Ninis,
los que ni estudian ni trabajan, que ya se cuentan por miles en estado de limbo
existencial y presa fácil de la delincuencia organizada. Tribus de jóvenes que
pasan de forma inadvertida por una sociedad globalizada que les imposibilita
desarrollar sus pocas o muchas capacidades. Parados, que no dejan de moverse en busca de soluciones y que cada
mañana llaman a todas las puertas que sean posibles. Personas con más de una visita al centro de salud
para llevarse la receta, con o sin copago, de algún que otro antidepresivo. En
este caso, es que ni pregunto lo del estrés.
Lo de las exigencias de
la vida moderna, competencia, status
social, ambición,
frustración, depresión, creencias y
el modo de ver las cosas
hasta hace unos años eran los motivos, políticamente correctos, que causaban la
que llamábamos enfermedad de moda. Hoy en día me resultan ñoñas con la que está
cayendo y ya no digo la encuesta de marras que además apunta la importancia de
organizar bien el trabajo y los objetivos, dar cierta flexibilidad a los
trabajadores y que cada uno sepa qué papel le corresponde para no perder la
calma porque estresados, dice, todos rendimos menos. Y yo que
creí que lo de la frivolidad era sólo en otras fiestas!
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