Hijos de la Gran Bretaña



Columna Diario SUR. Sábado, 10 de agosto 2013

'Hijos de la Gran Bretaña' por Jacqueline Campos


Sotogrande celebraba esta semana su cincuenta aniversario y brindaba por otros tantos más, convertida en una de las urbanizaciones con más clase de toda la costa mediterránea y catalogada en su momento como Centro de Interés Turístico Nacional. Un lugar diseñado con estilo e inspirado en una forma especial de entender la vida, donde no existe la presión urbanística provocando la envidia de muchas urbes. Y mientras recorría este paraíso hasta llegar a la fiesta no podía dejar de pensar en el tremendo lío en el que se verán inmersos muchos de los propietarios de Sotogrande que, teniendo sus casas en tierras andaluzas, conservan su identidad gibraltareña. La historia es tan densa como interesante pero, en pequeños trazos, podríamos decir que el Tratado de Utrech supuso el final de una brillante etapa de hegemonía política y militar de España iniciada a  principios del siglo XVI. A partir de un 13 de julio de 1.713, fecha de la firma de este Tratado entre los Reinos de España y de la Gran Bretaña suscrito en la ya famosa ciudad holandesa, entonces española, se ponía fin a la Guerra de Sucesión de España. Así que lo que progresivamente ha ido ocurriendo en nuestro país es, desgraciadamente, una constante cuesta abajo en el concierto internacional.




A pesar de que España cedía para siempre la propiedad absoluta  de la ciudad y castillos de Gibraltar, junto con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, nuestro país ha intentado en varias ocasiones la recuperación del Peñón de Gibraltar, obviamente sin éxito. Pero valiéndose de la redacción del Tratado, Gibraltar y el Reino Unido han ido ampliando el área de soberanía, han aumentado el espacio por tierra, han construido el aeropuerto y han accedido a aguas soberanas que, en principio, no tienen acogida en el Tratado. Es decir, todo menos ampliar el círculo de amistades españolas. Nuestro país, tanto en tiempos de democracia como de dictadura, no ha sido capaz de detener el proceso imparable de crecimiento de Gibraltar, mucho más allá de lo que prevé el histórico documento pero sin que tampoco haya habido condena alguna a nivel internacional, una cuestión que parece difícil por las diversas posibilidades de interpretación del Convenio.




Ni las duras condiciones de cierre de frontera impuestas en tiempos de Franco, ni las condescendientes de los tiempos de Zapatero, nos han valido para recuperar posiciones. ¿Qué pasa ahora? Muy fácil, que nos hemos ido encontrando con la desfachatez creciente de los sucesivos responsables gibraltareños,  que siempre se han sentido gallitos sabedores del apoyo de la gran potencia británica y de la promesa de ésta de contar con la opinión de los gibraltareños. Hemos ido sobrellevando esta anómala situación de un pequeño pero estratégico punto de nuestra tierra “propiedad” de un país que es uno de nuestros soportes económicos importantes, con algunos sobresaltos debidos a la chulería de algunos dirigentes gibraltareños. El último de estos sustos se debe a la increíble actuación de estas autoridades que se han permitido llenar las aguas españolas de bloques de hormigón impidiendo con ello el ejercicio de  pesca por los barcos pesqueros españoles, sin entrar en valorar el desastre medio ambiental. Un acto antijurídico y completamente inamistoso que debe ser enérgicamente rechazado por el Gobierno español.

A la hora de analizar las medidas que puede adoptar en defensa legítima contra las provocaciones de las autoridades de Gibraltar, son muchos los factores que hay que valorar. Debemos tener en cuenta la importancia que tienen las relaciones con Gran Bretaña ya que estamos hablando de nuestro principal país emisor de turismo para España pero especialmente para la Costa del Sol. ¿Podríamos imaginar que pasaría en la Costa del Sol si de pronto desapareciera el turista británico? Pero señores, que también tengan en cuenta que Gibraltar recibe más de diez millones de visitantes al año, de los cuales el ochenta por cien son españoles. En definitiva, necesitamos tener una política estable sobre Gibraltar que se aplique tanto con uno u otro partido y que sea respaldado por el Parlamento. Todo lo demás, es seguir haciendo el ridículo.




No hay comentarios:

Publicar un comentario