Columna Diario SUR. Sábado, 17 de agosto 2013
'Un Tipo con Suerte' por Jacqueline Campos
El nombre de Manolo Santana está escrito en letras de
oro en el libro de honor del deporte español, así lo definió Juan Antonio
Samaranch en el prólogo de las memorias del extenista ‘Un tipo con suerte’. El
hombre que nos dio a los
españoles innumerables días de gloria con sus victorias en Wimbledon, Open de
Estados Unidos, Roland Garros, sin olvidar sus actuaciones históricas en la
Copa Davis, ahora se bate el cobre como miembro del Comité Olímpico Español,
para que Madrid albergue los Juegos Olímpicos de 2020. Para Santana, la capital
de España cuenta con todas sus instalaciones deportivas muy preparadas y bien
comunicadas con el resto del mundo. Factores considerables que nos aventaja a
las otras ciudades candidatas en la apuesta olímpica como son Tokio y Estambul.
En los tiempos tan difíciles que nos está
tocando vivir, escuchar mensajes llenos de optimismo como los de este gran deportista, impulsor de un sinfín de nuevos
jugadores en nuestro país y promotor de la construcción de miles y miles de
pistas de tenis, es digno de reconocer. Es de las pocas personas de las que me
siento orgullosa al decir que es mi amigo porque considero que se merece mucho
pero, sobre todo, de los que vivimos en esta ciudad a la que Manolo Santana quiere
y adora por sus gentes hace casi treinta años. Una afirmación que quedó
demostrada con su incansable y lucida actuación para traernos la Copa Davis. Un
esfuerzo que ahora se extrapola a la promoción de la candidatura madrileña y
que para ello, antes de subirse a un avión rumbo a Nueva York, no ha dudado en
organizar un torneo en su Racquets Club para que personalidades, entre palazos,
debatan las bondades de nuestro país. Y de paso, de Marbella.
Es grande tener entre nosotros a alguien que ganó dos Roland Garros (1961 y 1964) un Open de
Estados Unidos (1965) y una victoria en Wimbledon (1966) la catedral del tenis
en Inglaterra donde es considerado un gran personaje, un campeón que se pasea
con la placa de miembro de honor del All England Club. Hoy en día la gente le
sigue parando y pidiendo autógrafos. Recuerda Santana como ningún de los
grandes campeonatos pagaba un céntimo a los campeones. En Wimbledon le dieron
una réplica del trofeo y un cheque de 20 libras para comprar material deportivo
en una tienda londinense. Jugar le costó alrededor de 4.000 dólares de la
época, una fortuna, entre la residencia que alquiló, los desplazamientos y la
manutención. Lógicamente, Santana viajaba entonces sin entrenador. Se subía a
decenas de trenes para viajar de torneo en torneo y escuchaba atentamente los
consejos de sus amigos.
Hoy Santana mira a Rafa Nadal, valora su juego y se sorprende. Dice que
no hay nadie que juegue como él y se confiesa un admirador absoluto. Pero el
éxito de Nadal no puede entenderse sin el de Santana, que derribó barreras. Huye
de los grandes lujos y en su perfil nos encontramos un hombre admirador de la
obra de Antonio Gala, la música de Malú, la cocina mediterránea, los caldos de
La Rioja y los recuerdos de ciudades como Río de Janeiro y Nueva York. Sigue
manteniendo que todo lo que ha sido y lo que es, se lo debe al tenis. Y como
escribió José María Pemán el día de su homenaje “el tenis es el único deporte
en el que un revés no es una derrota, sino una elegante forma de devolver una
pelota”. Manolo personifica los grandes valores que el deporte lleva consigo.



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