Columna Diario SUR. Sábado, 20 de abril 2013
'El Circo del Sol' por Jacqueline Campos
No pertenezco
al mundo de la judicatura, ni entiendo ni comprendo y jamás me había atraído nada relacionado con el mismo,
excepto algún que otro término, juicio o recurso utilizado en
la redacción
de noticias o artículos escritos dentro de mi profesión. Es más, ni me había fijado con detenimiento en la Señora Justicia,
si era ciega, muda o sorda. Todo esto sin entrar en los escalofríos que me
produce ver a mujeres y hombres con esas túnicas negrísimas a las que llaman togas cuyo
efecto supera al mejor de los diuréticos del mercado. Y luego nos
quejamos del verde quirófano. Pues como decía el refrán ¿no querías taza? Ahí va taza y media. En la actualidad,
hasta el más
ignorante se conoce al dedillo los términos jurídicos y se sabe de memoria los tipos
de delito contra la libertad, propiedad, y administración de justicia, entre otros. También el nombre y
figura de los jueces estrella, esos a los que también les gusta la cámara tanto como el mandar gente al
talego.
Los últimos
tiempos han sido un curso intensivo para conocer sentencias y condenados y
desde luego ésta ha sido la semana que muchos esperaban en Marbella. Se
ha escrito mucho al respecto sobre reacciones, conclusiones, prisiones, multas
millonarias, desmayos y lágrimas. También se ha opinado en gran medida porque
para eso vivimos en un estado de democracia donde todo individuo tiene derecho
a la libertad de opinión y expresión. En definitiva a hablar, algunos
incluso cobrando aunque sean tonterías. Pero lo que es totalmente
inadmisible es que este derecho se transforme en una agresión verbal que
derive en el espectáculo vivido en la Ciudad de la Justicia de Málaga. Al
margen de simpatías y animadversiones hacia una persona, resulta realmente
triste ver actitudes y comportamientos que nos retrotraen a los de hace siglos
atrás.
Un auténtico
circo en la Costa del Sol pero con muchos payasos y sitúenlos ustedes donde crean más apropiado.
Es de suponer
que la Audiencia Provincial tiene sus razones para dar lectura pública de la
sentencia que ha afectado a nuestra más famosa tonadillera. No tengo la
menor duda de que serán sólidas y fundadas, pero a mi parece un espectáculo evitable
y una forma de actuar que no corresponde a la idea que yo tengo de la justicia.
Creo que un sistema más personal y reducido a los afectados hubiera sido más correcto.
En todo caso, un poco más de organización para evitarlo sí es exigible
tanto a la Audiencia como al Ministerio de Interior.
Entiendo que
la situación
es caótica
hoy día
en muchos sentidos. Vivimos unos tiempos en los que cada mañana nos
asaltan noticias desalentadoras y que se nos escapan de nuestra tradicional
comprensión
de la vida. Y lo que para la Señora Justicia es lo que tiene que hacer, para el vecino de a pie es
incomprensible, simplemente lo que no debe de ser. Encima nos falta de
todo, trabajo, alicientes, ayuda por
parte de la clase política, en resumen, esperanza o fe en nosotros y en el
futuro. Por esta razón, es casi lógico que nos creamos todo lo que nos
cuentan en clave negativa.
Por ejemplo,
estos días
circula una serie de informaciones en las que se cuenta que el rotativo más influyente
de Estados Unidos ha hecho pública una relación de más de quinientos españoles de la
vida política
y empresarial que depositan dinero en la
banca suiza sin declararlo en nuestro país. Asegura que esta práctica es muy común entre las familias de
importantes apellidos, destacadas empresas y la gran banca. Revelaciones de
empleados despechados que terminan viendo la luz y que además ponen en tela de juicio las líneas editoriales de nuestras principales cabeceras nacionales al
indicar que no son capaces de publicar dichos nombres. Argumentos que llegan a
rozar la frivolidad porque esto no tiene nada que ver con la libertad de prensa
ni con el miedo al poder de los ricos. Esto tiene que ver con la mesura y el
sentido común que hay que aplicar antes de
levantar más ampollas.


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